Trump llega a los 80 años con la obsesión de ser alabado; crecen dudas sobre su salud y la Casa Blanco lo descarta
El mandatario estadounidense llega a su cumpleaños con la obsesión de que todos le rindan pleitesía, mientras crecen las dudas por su salud; la Casa Blanca rechaza cuestionamientos sobre su estado físico y mental
Donald Trump cumple 80 años este 14 de junio, con un deseo claro: que su nombre, rostro y firma se vuelvan eternos, convertirlos en una marca pública desde el poder.
Hay una lista de 12 lugares, objetos y programas federales donde se ha agregado el nombre o la imagen de Trump, o se pretende agregarlos.
Desde antes de volver a la Casa Blanca, Trump ya había puesto su apellido en torres, clubes de golf, hoteles, casinos, marcas de carnes (Trump Steaks), vodka, agua embotellada, aerolíneas, hipotecas, fragancias, juegos de mesa, biblias y una universidad que terminó como símbolo de un fraude político y comercial.
De regreso en el poder, esa ambición de permanecer ha crecido. La lista de 12 casos que se dio a conocer recientemente habla del Donald J. Trump U.S. Institute of Peace; del intento de convertir el Kennedy Center en The Donald J. Trump and John F. Kennedy Memorial Center for the Performing Arts; de buques de guerra clase Trump; de la Trump Gold Card migratoria; de monedas con su imagen; de billetes conmemorativos de 250 dólares con su efigie y su firma; de pasaportes conmemorativos con su rostro; de pases de parques nacionales con su imagen junto a George Washington; de pancartas con su cara en edificios federales; de TrumpIRA.gov; de Trump Accounts y de TrumpRx.gov. Es decir, edificios, dinero, documentos, programas sociales, salud, migración, defensa, cultura y símbolos nacionales.
El caso del Instituto de Paz muestra la lógica del poder que se está instalando. El Departamento de Estado cambió el nombre del edificio en diciembre de 2025 y el secretario de Estado, Marco Rubio, lo justificó diciendo que “Trump será recordado por la historia como el presidente de la paz. Es hora de que nuestro Departamento de Estado lo muestre”. Después, la junta del Kennedy Center, nombrada por Trump, votó para agregar su nombre al recinto; demócratas y miembros de la familia Kennedy sostienen que el cambio es ilegal porque el centro fue creado como memorial vivo de John F. Kennedy.
Ayer el nombre de Trump fue completamente retirado de la fachada del Kennedy Center, en cumplimiento con una decisión de la justicia, informó el director ejecutivo de la institución, Matt Floca. Los trabajos se llevaron a cabo luego de que un juez federal desestimara una solicitud de último minuto de la junta directiva del Kennedy Center, controlado por Trump y sus allegados, que buscaba impedir la retirada del nombre del republicano. Un toldo blanco seguía cubriendo gran parte del edificio el sábado al mediodía en Washington, donde se habían instalado andamios para realizar los trabajos de desmonte.
En diciembre de 2025 se presentaron buques de guerra clase Trump en Mar-a-Lago. La tarjeta migratoria Trump Gold Card fue anunciada como una vía para extranjeros ricos que pagarían un millón de dólares para vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos si son aprobados; Trump la llamó “la tarjeta de residencia con esteroides”. TrumpRx.gov fue presentado como un sitio de medicamentos de pago directo, con cupones para farmacias y Trump prometió que “van a ahorrar una fortuna”; medios publicaron que alrededor de 800 medicamentos ya son mucho más accesibles al público.
El Departamento del Tesoro anunció el 26 de marzo que la firma de Trump aparecerá en futuros billetes de papel junto a la del secretario del Tesoro. “La primera vez en la historia para un presidente en funciones”, presumió el secretario del Tesoro, Scott Bessent. Después, Bessent confirmó que el Tesoro ya había preparado un diseño para un billete de 250 dólares con el rostro de Trump. Y aunque dijo que la decisión depende del Congreso, detalló que “hemos creado el billete porque tenemos que estar preparados”.
Ese billete enfrenta un problema legal directo. La ley federal establece que “sólo el retrato de una persona fallecida puede aparecer en la moneda y los valores de Estados Unidos”. Además, las denominaciones autorizadas no incluyen un billete de 250 dólares. “Se trata de un proyecto de extravagancia que requiere cambiar reglas hechas precisamente para impedir que el dinero circulante se convierta en un instrumento de culto a una persona viva”, dice a EL UNIVERSAL la socióloga Cecilia Castañeda. El siquiatra Justin Frank, autor de Trump on the Couch, describió a Trump como un dirigente cuya conducta pública debía leerse desde patrones de narcisismo, engaño y agresión. Jeffrey Sonnenfeld y Steven Tian, de la Escuela de Administración de Yale, señalan que Trump no sólo vende una marca, organiza el poder supremo alrededor de su propio egocentro.
Eso explicaría el deseo de Trump de poner su apellido en todas partes. “El problema no es que Trump quiera reconocimiento; en general todos los políticos lo quieren. El problema es que Trump exige reconocimiento permanente desde instrumentos que no son suyos”, dice Castañeda. El pasaporte no es suyo, el billete no es suyo, el Kennedy Center no es suyo, el Instituto de Paz no es suyo, los departamentos federales no son suyos. Cuando su imagen aparece en esos lugares, el mensaje es que EU debe rendirle pleitesía al mandatario.
Mientras Trump busca perpetuarse, entre los estadounidenses crece el escrutinio sobre la salud del presidente. Su médico, Sean
Barbabella, escribió en abril de 2025 que el presidente “exhibe excelente salud cognitiva y física y está plenamente apto”; en
octubre de 2025, otro memorándum oficial sostuvo que su “edad cardiaca” era aproximadamente 14 años menor que su edad
cronológica; y el 26 de mayo Trump salió del Walter Reed Hospital diciendo en su red social: “Todo salió PERFECTAMENTE”.
Sin embargo, la Casa Blanca reconoció en julio de 2025 que Trump padece insuficiencia venosa crónica, una condición común
en mayores de 70 años que puede causar hinchazón en piernas y tobillos. También atribuyó los moretones en sus manos a apretones de manos y al uso de aspirina. The Associated Press informó que Trump ha sido visto con maquillaje para cubrir
moretones, que a veces parece somnoliento en reuniones y que el informe escrito de su examen de mayo no fue divulgado de
inmediato.
Harry Segal, profesor en Cornell, dijo a The Guardian que Trump cambia de tema “sin autorregulación” y sin una narrativa coherente. John Gartner, exprofesor asistente de Psiquiatría en Johns Hopkins, afirmó al mismo medio que Trump “realmente tiene problemas para completar un pensamiento”. La Casa Blanca rechaza ese tipo de afirmaciones como ataques políticos, pero
ya forman parte del debate público estadounidense sobre su edad, su capacidad de lenguaje, su impulsividad y su control sobre
relatos y declaraciones. En mayo, The British Medical Journal informó que 30 siquiatras y otros médicos especializados en salud
mental firmaron una declaración que calificaba a Trump como mentalmente no apto para servir y advertía sobre “signos
objetivamente observables de seria preocupación médica”.
En octubre de 2024, más de 200 profesionales de salud mental firmaron una carta, promovida por un comité de acción política
antiTrump, que hablaba de “narcisismo maligno” y decía que sus síntomas lo hacían “engañoso, destructivo, delirante y
peligroso”. El siquiatra Allen Frances escribió que Trump “debe ser contenido”, pero con herramientas políticas, no siquiátricas;
aclaró que el hecho de “que sea un narcisista de clase mundial no prueba que cumpla los criterios del Manual Diagnóstico y
Estadístico de los Trastornos Mentales para trastorno narcisista de la personalidad”.
De acuerdo con Castañeda, se debe juzgar a Trump “en el terreno de la rendición de cuentas públicas”. Trump, añade, no debe ser tratado “como loco, porque eso le daría ventajas legales. Pónganlo a que responda por sus acciones”.
