
Un recuento de Infobae indica que desde la medianoche del viernes hasta las 3:44 a. m. de este sábado se dieron 23 réplicas con magnitudes de entre 4.3 y 5.5, según datos del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá.
“El terremoto me robó el sueño”, se quejaba Ambrosio Pérez, un octogenario que, envuelto en unas sábanas colocadas en el patio de su casa, no encontraba el descanso.
Comentó que era la primera vez que experimentaba algo así. “En mi vida he sentido uno que otro temblor, pero nada comparable con esto”, dijo.
“No hemos podido dormir, y cuando llegue el día creo que tampoco, pues no sabemos lo que nos espera”, comentó desde la comunidad de Parita, provincia de Herrera, Noris Ávila.

En Parita, la iglesia colonial del lugar, que data de 1656, se vio afectada con la pérdida de la parte superior de su campanario.
La noche fue de sobresaltos. Los vecinos se agrupaban en las calles cada vez que sentían el movimiento, buscando lugares lejos de los tendidos eléctricos.
A cada instante el Instituto de Geociencias de la Universidad emitía un boletín con los movimientos sísmicos, que compartían grandes y chicos.
“Hasta cuándo va a parar esto”, se preguntaba Rubén González, quien repetía que “hay que estar atento”.

En Los Pozos, otra comunidad de la provincia de Herrera, la madrugada del sábado 10 de octubre transcurrió entre nuevos movimientos y el temor de regresar a las casas. El terremoto había dejado múltiples viviendas afectadas, mientras que la iglesia del poblado sufrió daños considerables, con la caída de su torre y parte de la fachada principal.
Emilda De Hernández contó a Infobae que las réplicas se sintieron durante toda la noche y que su familia decidió permanecer fuera de la vivienda por precaución. El paso de las horas no consiguió devolverles la tranquilidad, pues cada nuevo temblor renovaba el miedo que había comenzado con el terremoto del viernes.
“Cada cinco minutos sentíamos las réplicas. Decidimos permanecer fuera de la vivienda toda la madrugada y no fue hasta el amanecer que decidimos entrar, pero fue una noche larga y con mucho temor”, relató.
La incertidumbre también alcanzó a los centros hospitalarios de Azuero y Coclé, donde las constantes réplicas obligaron a trasladar parte de la atención médica hacia espacios exteriores o áreas habilitadas provisionalmente. Pacientes y personal sanitario tuvieron que adaptarse a condiciones extraordinarias mientras continuaban los movimientos.

En el hospital de Aguadulce, según los reportes recogidos para esta crónica, varios bebés nacieron en áreas improvisadas después del terremoto. En medio de la emergencia, la atención de los partos continuó fuera de los espacios habituales, mientras las familias enfrentaban la preocupación por los temblores.
El sismo principal ocurrió a las 12:56 p. m. del viernes 9 de octubre, con una magnitud de 7.5, según el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá. Su epicentro fue ubicado a 39 kilómetros al noroeste de Tonosí, en la península de Azuero, y tuvo una profundidad de cuatro kilómetros.
Para cuando llegó la noche, el Instituto ya había informado de más de un centenar de réplicas, concentradas principalmente en las zonas de Azuero y Soná. La sucesión de movimientos mantuvo en alerta a las comunidades, incluso después de que el temblor principal había terminado hacía varias horas.
El terremoto también dejó daños en viviendas, centros educativos, hospitales, iglesias y edificios públicos de distintas provincias. Las autoridades iniciaron inspecciones para determinar la seguridad de las estructuras, mientras numerosas familias preferían permanecer al aire libre ante la posibilidad de nuevos movimientos.
Con las primeras luces del sábado, la noche de sobresaltos llegaba a su fin, pero no la incertidumbre. En los patios donde habían pasado horas entre colchones y frazadas, las familias seguían pendientes de cualquier vibración del suelo, sin saber cuándo podrían volver a dormir tranquilas.
