
Un torso gigante y unas manos huesudas de fibra de vidrio en el cemento de la plaza de la Constitución dejan ver las primeras imágenes de lo que será la figura que medirá, por lo menos, 32 metros de altura.
Crear esta pieza monumental fue “todo un reto”, afirmó a EL UNIVERSAL Carlos Báez, director y escultor del Taller de Arte Xibalbá, grupo encargado de la obra.
“Es una catrina tradicional que tiene algunos aspectos muy especiales que podrán notar, por ejemplo, la retroluminicidad que tiene; es una pieza que esperamos que alcance o rebase los 32 metros de altura. Está realizada en fibra de vidrio con estructura de acero que la soporta al interior de la pieza; y un vestido de terciopelo con encajes, olanes y toda una decoración luminosa”, dijo.

El equipo central está conformado por 14 personas entre arquitectos, diseñadores y artistas plásticos que se dedicaron a la concepción del proyecto; sin embargo, ejecutar la figura, ha implicado las manos de alrededor de 140 personas. El proyecto arrancó desde febrero cuando se empezaron a hacer los primeros bocetos. Se trata de una obra “efímera” que tomó nada menos que nueve meses de trabajo.
Popularizada por José Guadalupe Posada, la catrina es un icono de la cultura popular mexicana con más de 100 años de historia. Para construir la pieza que estará en el Zócalo como parte de la Ofrenda Monumental, los artesanos se basaron en la catrina tradicional: portará un vestido “muy elegante que se utilizaba a principios del siglo pasado”, comentó Carlos.
“Escogimos un color que pudiera acompañarse muy bien con el Zócalo de la Ciudad de México, que tiene características muy particulares. Es una plaza muy hermosa que tiene su propia paleta de colores, queríamos que resaltara sobre los colores de las fachadas de los edificios, pero que no compitiera con ellos, escogimos un color muy elegante: el morado, también muy apegado a los temas de días de muerto”, indicó.
Desde la plancha del Zócalo, donde ya se instalan las piezas metálicas que servirán de soporte a la figura, Carlos invitó a la población a no dejar morir la tradición de colocar la típica ofrenda en sus hogares.
