
El sacerdote fue reportado como desaparecido desde la tarde del sábado 24 de octubre y regresó por sus propios medios el martes 27. De acuerdo con la Iglesia católica, llegó a la casa parroquial en condiciones físicas lamentables y recibió atención de médicos, integrantes de su comunidad y autoridades.
En la carta, la Diócesis de Culiacán confirmó que el párroco fue privado de su libertad por un grupo de personas desconocidas y trasladado a un lugar que no ha sido identificado.
Durante los tres días de cautiverio, los captores golpearon al sacerdote y le causaron quemaduras graves en distintas partes del cuerpo. Sus agresores también le exigieron información que, según la Iglesia, desconocía y por la que no podía ofrecer respuestas. Asimismo, los delincuentes lo amenazaron de muerte reiteradamente antes de liberarlo el martes 27 de octubre.
Después de regresar a la casa parroquial, el sacerdote fue trasladado a una clínica para recibir atención especializada por las lesiones que presentaba.
La Iglesia informó que actualmente permanece bajo observación médica y que su evolución es favorable. Sin embargo, su recuperación requerirá tiempo, cuidados y acompañamiento integral, mencionaron.
Además de las lesiones físicas, el religioso presenta afectaciones psicológicas y emocionales derivadas de las amenazas que recibió durante su cautiverio.
En el documento, la Iglesia católica pidió a las autoridades municipales, estatales y federales continuar las investigaciones para identificar a los responsables y llevarlos ante la justicia. También condenó las agresiones, las torturas físicas y psicológicas, las amenazas y las desapariciones, al considerar que atentan contra la dignidad humana.
La Diócesis extendió su solidaridad a las personas desaparecidas y sus familias en Sinaloa, al señalar que la violencia no debe convertirse en una situación normal para la sociedad.
Finalmente, hizo un llamado a quienes generan violencia para que abandonen esas prácticas y permitan que las familias vivan sin miedo ni amenazas.
