El Juego de Pelota Prehispánico y el Mundial de Futbol 2026

El Juego de Pelota Prehispánico y el Mundial de Futbol 2026

En el contexto del Mundial de Futbol 2026, que éste año tuvo tres sedes alternas, entre ellas México, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha organizado diversas actividades culturales que tienen que ver con el juego de pelota, tal es el caso de la exposición temporal que se exhibe en el museo Jorge R. Acosta en Tula sobre el juego de pelota prehispánico.

El deporte del balón-pie tal como lo conocemos, llegó a Pachuca, Hidalgo a finales del siglo XIX con los ingleses que se asentaron en Real del Monte para explotar las minas de plata. Surge así el Pachuca Futbol Club en 1892. Pero en toda el área mesoamericana ya se practicaban ciertos juegos de pelota desde hace aproximadamente 3,500 años.

El tlachtli que se jugaba con una pelota de hule en Mesoamérica tenía una connotación de carácter político, religioso y cosmogonico.  El tlachtli estaba vinculado al movimiento de los astros, la vida y la muerte. Por evidencias arqueológicas encontradas en estelas, esculturas, pinturas o códices se sabe que existieron diversas modalidades de juego de pelota.

Diversos estudios demuestran que el juego de pelota surge entre las culturas de la costa del Pacifico en el periodo preclásico temprano (1,400 a. C.), tal es el caso de Mokayan, lugar donde crece el árbol de hule, material que posiblemente intercambiaban con la región olmeca y donde los arqueólogos han localizado numerosas canchas preclásicas.

Otra exposición en relación al juego de pelota prehispánico se presenta en el Museo de la Grandeza Teotihuacana. En la muestra “Hule ritual: pelotas milenarias”, se exhibe una pelota de hule con más de 3,600 años de antigüedad hallada en el sitio El Manati en Veracruz. Completan la exposición otras 13 pelotas (14 en total) que fueron recuperadas por los arqueólogos del INAH entre 1988 y 1996 en el Manatí (y datan del 1700 a 1500 a.C.)

El juego de pelota formaba parte de la vida ritual y política en el continente americano y se practicó desde el sur de los Estados Unidos hasta Centroamérica. El tlachco era el espacio sagrado donde se jugaba.

Es una característica de la arquitectura mesoamericana dar a los edificios una orientación astronómica. Algunas canchas presentan una orientación norte-sur, posición que se asocia al movimiento de traslación del sol. Mientras que las conchas con orientación Este-Oeste se relacionan con el movimiento de rotación de la tierra, la salida y puesta del sol, la luna o al planeta venus. Por cierto, entre los mexicas Xólotl era el dios del juego de pelota y se identifica con Venus como estrella de la tarde.

Las canchas donde se practicaba el juego de pelota variaban en su morfología, hasta el momento se han clasificado trece tipos, desde las canchas abiertas del preclásico a las canchas cerradas en forma de doble T del posclásico. Esta última es la más común, presenta muros cerrados e inclinados (para rebotar la pelota) y anillos de piedra empotrados en las paredes que servían como marcadores.

En la exposición temporal que se exhibe en el museo Jorge R. Acosta “El Juego de Pelota en Tula. Eco del Movimiento Divino” destaca un anillo monumental que data del periodo posclásico tardío (1350-150d.C.) el cual fue localizado en el atrio de la parroquia de Santiago Apóstol en Atotonilco de Tula.

Al respecto, el investigador Jesús Galindo Trejo apunta “hacer pasar la pelota de hule, a través de dicho marcador representaba una de las más grandes hazañas durante la ejecución del juego de pelota”, éste se realizaba principalmente con la cadera, codos y rodillas. Algunos marcadores están bellamente labrados como el de Chichen Itzá.  

En México se tiene el registro de 2570 canchas de juego de pelota. La cancha de Tula es la segunda más grande, después de Chichén Itzá que mide 96.5 metros de largo por 30 metros de ancho. En la zona arqueológica Cantona en Puebla existe la cancha de juego de pelota más pequeña hasta ahora localizada con 13 metros de largo por 2.1 metros de ancho.

En Paso de la Amada, Chiapas se encuentra la cancha más antigua de juego de pelota que data de 1600 a. C. (periodo preclásico). Los sitios arqueológicos que más canchas poseen son Cantona con 27 canchas y El Tajín con 21.

El atuendo de un jugador de pelota era importante ya que algunos podían recibir lesiones en la boca o estomago que les causaba la muerte. Existen diversas esculturas en piedra que representan los accesorios de un jugador de pelota.

La vestimenta consistía en un taparrabos y protectores que se ataban en la cadera generalmente hechos a base de cuero o madera. Completaban el atuendo protectores en el pecho, rodilleras, manoplas o guantes. Se desconoce el tamaño y peso de la pelota. Estas representaciones abundan sobre todo entre las culturas del Golfo de México.

Durante la conquista, los españoles prohibieron el juego de pelota por su fuerte carga religiosa en la que se practicaban sacrificios humanos. Sin embargo, su práctica continuó durante el virreinato e incluso en la actualidad se practica una variante del juego de pelota prehispánico en Sinaloa conocido como Ulama o la pelota Mixteca.

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