
El técnico español llegó al club inglés en el año 2016, con un nombre ya en el mundo de los banquillos y una extensa carrera llena de títulos en clubes que había dirigido. El FC Barcelona había sido su punto de salida, un joven inexperto Guardiola cogió a un equipo de primer nivel dispuesto a devolver a darle el estatus que siempre ha tenido. Lo ganó absolutamente todo, alcanzando incluso el sextete. Después llegó el Bayern Munich, donde lo ganó prácticamente todo, menos la Champions. Y después recaló en las filas de los citizens tras haber demostrado de lo que era capaz. Los datos estaban ahí. En Inglaterra le recibieron con los brazos abiertos.
El éxito no tardó en llamar a la puerta del Manchester City. Pep lo llevaba bajo el brazo. El primer año fue un periodo de adaptación y remodelación del equipo. Necesitaba inculcar sus ideas en el vestuario. Durante la segunda temporada ya empezó a recoger los frutos. La Carabao Cup (o Copa de la Liga) fue su primer título. Después llegó el resto, incluso la ansiada Champions League. El técnico catalán consiguió también un triplete: Champions League, Premier League y Copa FA; y convirtió al Manchester City en el único equipo de la historia del fútbol inglés en ganar cuatro títulos consecutivos de liga.
Ahora, la condena de los citizens ha hecho que ese éxito se vea de puerta del Etihad Stadium hacia fuera como un castillo de naipes. Las acciones reprobables de los propietarios del club y de sus directivos entre 2009 y 2018 han tirado por la borda la reputación del equipo y también la del entrenador. Ellos construyeron un equipo a la altura de Pep Guardiola, pero lo hicieron sobre unos cimientos solidificados en trampas financieras y ganancias ilícitas. Su era de récord y éxito en el club está empañada por las artimañas de sus propietarios.

Las dos caras del éxito del Manchester City
Sin embargo, reducir la historia del Manchester City de Guardiola exclusivamente a su talento táctico supone dejar fuera una parte fundamental del contexto, y viceversa. El entrenador dispuso de unas condiciones de trabajo excepcionales. Antes y durante su etapa en el banquillo, el club realizó inversiones enormes para construir una plantilla capaz de competir por todos los títulos. La diferencia entre tener una gran idea futbolística y disponer de los jugadores necesarios para ejecutarla puede ser enorme, y el City contó con los medios económicos para cubrir prácticamente cualquier necesidad de su entrenador.
Y ahí aparece la controversia que acompaña al proyecto del City. Las acusaciones relacionadas con las finanzas del club y con el supuesto incumplimiento de las normas han provocado un intenso debate sobre hasta qué punto sus éxitos deben analizarse también desde una perspectiva económica. En este contexto, se han señalado pagos atribuidos a Abu Dabi de 129,59 millones de libras en la primera temporada de Guardiola y de 134,73 millones en la campaña 2017-18. Por eso, la etapa de Guardiola en Manchester puede entenderse desde dos dimensiones inseparables: la extraordinaria capacidad de un entrenador para convertir recursos en fútbol y el enorme poder económico que permitió construir el escenario sobre el que ese fútbol pudo desarrollarse. Un cuento de hadas con un castillo de arena.
