* El costo de los combustibles, la dependencia del gas natural importado y la pérdida de poder adquisitivo de las remesas añaden presión al consumo
La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), como mes a mes, reporta la variación de precios de la canasta básica alimentaria de cuarenta y cuatro productos de septiembre a octubre del presente año, estudio de mercado realizado en los treinta y dos estados de la República con una muestra aleatoria domiciliada, ambulatoria y estratificada en más de 200 puntos de venta en tres niveles de consumo: alto, medio y popular, tracking del costo de los alimentos en México, poder adquisitivo, carestía e inflación.

El precio promedio de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) continúa al alza, ahora en $2,154.50 al aumentar su precio en promedio $12.30, lo que significa un incremento de 0.57%.
Los cinco estados donde la CBA presenta mayor variación de precios fueron Quintana Roo (12.55%), Campeche (8.28%), Veracruz (4.95%), Morelos (4.03%) y Sonora (2.80%). En tanto, los estados donde la CBA resultó más cara sonEdomex $2,476.50, Jalisco $2,348.00, Baja California $2,310.00, Zacatecas $2.298,00 y Sonora $2,275.00.
Los productos que más aumentaron en el último mes son chile jalapeño 12.41% (que pasó de $36.50 a $41.03), cerveza 5.09% (que pasó de $24.88 a $26.14), dulces 5.00% (que pasaron de $24.38 a $25.59), jitomate 4.83% (que pasó de $38.48 a $40.34) y cebolla 4.31% (que pasó de $43.91 a $45.80).
“El encarecimiento de productos básicos se propulsó, entre otros, por el factor energético. Recientemente, la Secretaría de Hacienda se vio obligada a incrementar el estímulo fiscal al diésel, alcanzando los $9.71 por litro; la medida ayuda a contener el precio de este combustible para amortiguar el impacto sobre el costo del transporte de carga federal porque, si el diésel sube, transportar alimentos, abastecer negocios y llevar los productos hasta el punto de venta final encarecería más el costo de las mercancías”, explicó Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.

De cara a un invierno crudo que se deja ver venir por el Niño malo, la incertidumbre sobre los mercados internacionales de hidrocarburos (gas) y la disponibilidad de combustibles nos obliga a mantenernos en foco amarillo.
México conserva una fuerte dependencia de la importación del gas natural de Estados Unidos, combustible fundamental para generar electricidad; ejemplo de ello lo ocurrido a principios del mes con la interrupción operativa en un gasoducto estadounidense que redujo temporalmente los envíos hacia nuestro país y, aunque el suministro comenzó a restablecerse, el episodio volvió a poner sobre la mesa nuestra vulnerabilidad energética.
No se trata de asegurar que habrá desabasto, sino de reconocer que esta dependencia nos deja expuestos a cualquier interrupción o encarecimiento del suministro que, sumado a las fallas que a últimas fechas ha presentado la CFE con reiterados apagones en muchas partes del país, amerita que estemos muy atentos.
MENOS RECURSOS POR LAS REMESAS

A este panorama se suma otro golpe al consumo popular: las remesas están perdiendo poder adquisitivo (más del 20% durante el último año y medio). Los dólares que envían nuestros paisanos siguen llegando, pero la inflación y el tipo de cambio hacen que, al convertirlos a pesos, alcance para comprar menos cosas.
Esto importa mucho para la economía de a pie que utiliza las remesas para comprar comida, pagar servicios, atender su salud, cubrir gastos escolares y surtir la despensa; cuando esos recursos rinden menos, las familias ajustan sus compras y los pequeños comercios resienten la baja en las ventas, sin perder de vista que son 5 millones de hogares los que dependen casi totalmente de las remesas para su manutención.
“Así se va configurando un escenario complicado: productos esenciales que suben de precio, costos energéticos que siguen bajo presión y hogares que tienen menos poder adquisitivo. Y justo en este contexto, México busca impulsar una transformación económica de fondo, su digitalización comercial. Hoy el 80% de las transacciones comerciales se hacen en efectivo y sólo el 20% a través de medios digitales, mientras que en la economía de los países desarrollados el dato es exactamente a la inversa”, subrayó Rivera.
