Los perros de Chernóbil: un estudio encontró indicios de adaptación genética tras décadas de aislamiento y exposición a la radiación

La evacuación de poblaciones humanas tras la explosión del reactor en 1986 permitió la persistencia de comunidades animales en el área contaminada
La evacuación de poblaciones humanas tras la explosión del reactor en 1986 permitió la persistencia de comunidades animales en el área contaminada

El hallazgo no demuestra que la radiación u otros contaminantes hayan modificado directamente su ADN.

Sí apunta a que el ambiente de la zona pudo haber favorecido la supervivencia de animales que ya contaban con ciertas variantes hereditarias.

El estudio, publicado en la revista Genes, analizó a los perros de la Zona de Exclusión de Chernóbil, creada tras el accidente de 1986. El equipo comparó la población canina cercana a la planta nuclear con otra que habita la ciudad de Chernóbil, situada a unos 16 kilómetros de la central, además de poblaciones de Europa del Este y de las islas Galápagos.

Los animales de la central mostraron diferencias genéticas inusuales frente a otras poblaciones de perros

El 26 de abril de 1986, la explosión del reactor número 4 de la central liberó una gran cantidad de material radiactivo y obligó a evacuar a más de 135.000 personas de Ucrania y Bielorrusia, según el Comité Científico de las Naciones Unidas para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas (UNSCEAR).

Cuarenta años después del incidente nuclear, el área continúa contaminada por radiación y otros compuestos, mientras la ausencia de población humana permitió que allí persistieran grupos de animales.

La investigación sobre la población de perros fue liderada por la bióloga Megan Dillon, investigadora posdoctoral de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, junto con especialistas de esa institución, la Universidad de Carolina del Sur, la Universidad de Columbia y Visiting Veterinarians International.

Los científicos identificaron más de cien regiones del ADN vinculadas a la reparación celular y a la respuesta inmunitaria de los animales.

Más de 100 regiones del ADN presentan diferencias que podrían favorecer la supervivencia

Los análisis identificaron más de 100 loci, es decir, puntos específicos del genoma, con indicios de que algunas variantes se volvieron más frecuentes en los perros de las inmediaciones de la central. Los genes cercanos a esas zonas cumplen funciones vinculadas con la reparación del ADN, la respuesta inmunitaria, el ciclo celular y la supervivencia celular.

Aunque la población de perros de la central es pequeña, los investigadores no encontraron una reducción de la variación genética que esperaban si las diferencias se debieran únicamente al azar en un grupo aislado. Además, el tamaño efectivo de esa población no difirió de forma significativa del calculado para los perros de la ciudad de Chernóbil.

La central nuclear de Chernobyl estaba ubicada en el norte de la actual Ucrania, a unos 120 kilómetros de Kiev

Así buscó distinguir si las diferencias podían explicarse por cambios al azar, habituales en poblaciones pequeñas, o si reflejaban que ciertos rasgos hereditarios ayudaron a algunos animales a sobrevivir y reproducirse. Los resultados se inclinaron por la segunda posibilidad, aunque no permiten identificar un contaminante concreto como causa.

“Este trabajo resuelve algunas de las incógnitas de nuestro trabajo anterior”, señaló Dillon en un comunicado de la universidad. La investigadora explicó que los dos grupos, pese a vivir muy cerca, presentan una diferenciación genética marcada y que “esas diferencias no se deben a mutaciones”.

Dillon ya había planteado esa cautela en declaraciones previas, publicadas por la universidad en julio de 2025.

Megan Dillon, investigadora postdoctoral de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Estatal de Carolina del Norte investiga las características de los perros de Chérnobil

Entonces advirtió que el uso del término “perros mutantes” simplificaba los resultados y explicó que las diferencias genéticas halladas no debían atribuirse a mutaciones, radiactivas o de otro tipo.

En aquel reportaje, Dillon resumió el interés científico de estudiar estas poblaciones: “Si se dan las condiciones adecuadas, se puede obtener una prueba muy interesante de evolución rápida, adaptación local y selección natural”.

La genetista se refería a la posibilidad de observar, a lo largo de generaciones, cómo ciertas variantes hereditarias se vuelven más frecuentes en un entorno que pone a prueba a una población de animales.

La población canina de la ciudad de Chernóbil mostró mayor afinidad genética con ejemplares de las islas Galápagos que con el grupo que vive junto al reactor

El estudio no atribuye de forma directa los cambios a la radiación

Los perros de la ciudad de Chernóbil resultaron genéticamente más parecidos a otras poblaciones aisladas, incluidas las de Galápagos, que a los animales de la planta. Para los autores, esa diferencia refuerza la posibilidad de que los factores ambientales alrededor de la instalación hayan intervenido en la historia evolutiva del grupo más expuesto.

Sin embargo, los científicos subrayan los límites de esa interpretación. “No podemos afirmar con certeza si lo que hemos encontrado puede confirmarse directamente como selección”, advirtió Dillon. Aun así, añadió que las señales detectadas se ubican en regiones con funciones biológicas que “podrían permitirles superar los efectos de la exposición a sustancias tóxicas en este entorno”.

El reporte de perros con pelaje azul en la zona de exclusión se debió al contacto con sustancias de un sanitario volcado y no a los efectos de la radiación.

Matthew Breen, profesor de Genética Oncológica Comparada y autor principal del trabajo, planteó que los perros que sobrevivieron a las primeras exposiciones quizá ya contaban con una diversidad genética y variantes que les daban mayor aptitud. “Obviamente, esto es una especulación y no sabemos con exactitud qué sucedió”, dijo en el comunicado. “Pero podemos afirmar que utilizamos un análisis muy riguroso y encontramos indicios de selección en regiones biológicamente relevantes”.

Los autores sostienen que los perros de la zona ofrecen un modelo para examinar las respuestas genómicas a contaminación crónica por radiación ionizante, metales pesados, compuestos orgánicos y otros tóxicos. El trabajo amplía investigaciones previas sobre las dos poblaciones caninas de Chernóbil y plantea nuevos interrogantes sobre la adaptación local en entornos contaminados.

El pelaje azul de tres perros no fue una mutación ni una adaptación a la radiación

Un episodio registrado en octubre de 2025 ilustra por qué los investigadores evitan atribuir cada anomalía de la zona a la radiación. Veterinarios del programa Dogs of Chernobyl observaron al menos tres animales con el pelaje azul y aclararon que el cambio no debía vincularse al accidente nuclear.

La explicación más probable fue que los perros se revolcaron en tinta o una sustancia azul procedente de un sanitario portátil volcado. Timothy Mousseau, científico de la Universidad de Carolina del Sur, afirmó que el color no reflejaba mutaciones ni adaptación evolutiva a la radiación, sino el contacto con ese residuo. La causa no pudo confirmarse de forma concluyente.

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