El estadio «Coruco» Díaz, un elefante blanco transexenal de casi mil millones de pesos
Graco Ramírez despilfarró el dinero y Cuauhtémoc Blanco lo solapó. Los últimos dos gobernadores del estado de Morelos, por comisión u omisión, generaron un daño patrimonial a las arcas públicas en la construcción de un inmueble en el poblado de Zacatepec, donde apenas viven 36 mil personas.
El monumental estadio de futbol en Zacatepec, Morelos, el famoso Coruco Díaz, fue reconstruido en 2014 a sobreprecio y con argumentos inverosímiles, que durante 12 años sólo ha tenido ocupantes temporales y no el tan cacareado equipo de la Liga MX que prometió el exgobernador perredista Graco Ramírez.
Ese inmueble, un elefante blanco cuya remodelación costó casi mil millones de pesos que salieron de las arcas federales y estatales, fue planeado para que, supuestamente, ahí jugara un equipo de Primera División, pero hasta hoy los huéspedes han sido sólo de la Liga de Expansión y otras categorías inferiores. Se trata de una innecesaria mole en el centro de una pequeña población, que en unos meses se quedará nuevamente vacía porque su actual ocupante, el Atlante, regresará a la Ciudad de México.
El Coruco es un estadio que se llama así en honor a un jugador de los originales Cañeros de Zacapetec, Agustín Díaz, cuando se cimentó la tradición futbolera de ese municipio gracias a los dos títulos que obtuvo en la Primera División, el último en 1958.
De eso ya pasaron 68 años y el estadio lleva otros 40 sin un equipo de la Primera División. Pese a ello, desde 2013, durante los
inicios de la gubernatura de Graco Ramírez en Morelos, se planteó la reconstrucción como necesaria a partir de un entramado
burocrático lleno de pretextos fantasiosos que justificaran el derroche.
Lo que no fue una fantasía fue el gasto y su subutilización durante más de una década. De 486 millones de pesos
presupuestados originalmente, el inmueble terminó costando 857 millones, casi el doble, además de que afectó de varias
formas a la comunidad morelense de Zacatepec, que sigue sin encontrarle sentido a la obra que le quitó tres cuartas partes del
zócalo a su comunidad y es objeto de señalamientos de corrupción y opacidad en las finanzas de un municipio que no tiene
equipo ni condiciones para sostenerlo.
“Para la reactivación económica de la zona sur es este proyecto, porque vamos a construir el estadio que nos va a permitir llevar
a nuestro equipo a Primera División”, dijo Graco Ramírez en uno de sus últimos actos de campaña en 2012.
La mayor utilidad que le han dado al Coruco Díaz han sido de manera intermitente los equipos de la otrora llamada Liga de
Ascenso, principalmente, categoría cuyas mejores entradas rondan los cinco mil aficionados, cifra muy lejana al aforo de 24 mil
personas que tiene el estadio. Por ejemplo, el último partido del Atlante como local en la Jornada 3 del Torneo Clausura 2026 tuvo apenas tres mil 918 asistentes.
Como no todos los años ha habido futbol en el inmueble por el rondín de franquicias que van y vienen, durante el gobierno del
hoy morenista Cuauhtémoc Blanco fue convertido en un gimnasio improvisado para los trabajadores de Morelos.
Desde la sociedad civil, instituciones como la Asociación Morelos Rinde Cuentas han intentado fiscalizar los recursos erogados,
pero lo único que han encontrado es un sistema que promueve la opacidad con fiscales anticorrupción y auditores afines al
sistema de gobierno estatal.
“Desde entonces, 2014 o 2015, tenemos una Auditoría que no funciona, una Auditoría que está controlada por los diputados y
por las personas que gobiernan en turno”, asegura Roberto Salinas, presidente de la mencionada asociación en referencia a la
Entidad Superior de Auditoría y Fiscalización del Congreso del Estado de Morelos.
Estadio sin problemas
Zacatepec tiene poco más de 36 mil habitantes. Es decir, en el estadio cabe 67% de la población del municipio. La desproporción es tal que, para comparar, en el Estadio Azteca cabría apenas 0.8% de los habitantes de la Ciudad de México.
Incluso, el aforo del Coruco Díaz es superior al promedio de las asistencias de la Primera División durante el Torneo Apertura 2025, que fue de 22 mil personas por juego. La desproporción no es sólo arquitectónica sino política. Simplemente no era necesaria una obra de esa magnitud. A los pocos días de iniciar su mandato, Graco Ramírez confirmó el proyecto.
“¿Quién va a ganar? Van a ganar los jóvenes, va a ganar nuestro estado, porque va a venir gente a ver futbol, vamos a dar una
imagen positiva de Morelos”, prometió el gobernador en julio de 2013.
Diez años después, en 2023, Cuauhtémoc Blanco, quien tuvo varios encontronazos políticos con Graco Ramírez, llegó a decir, en
la inopia, que el estadio se estaba cayendo y que requerirían alrededor de 100 millones de pesos para arreglarlo. Una semana después se retractó.
Injustificada argumentación
A partir de la declaración de intenciones de Graco Ramírez en 2013 comenzó una cascada de argumentos inverosímiles para que
existiera una petición “legítima” de remodelación.
La Promotora Deportiva Zacatepec, cuyo equipo militaba en la Tercera División Profesional (TDP), le pidió formalmente al
gobernador, en febrero de 2013, ampliar y remodelar el inmueble, pese a que ese club no tenía la más mínima posibilidad de
jugar en la Liga de Ascenso.
Aun así se echó a andar la maquinaria burocrática y en una sesión del Comité de Obras Públicas morelense, realizada en
septiembre del mismo año, se enumeraron varios “antecedentes” para plantear la reconstrucción. Entre los argumentos que
mencionó la Promotora Deportiva Zacatepec estaba que el estadio no cumplía con el “cuaderno de cargos” exigido por la
Federación Mexicana de Futbol (FMF).
A esa petición se sumó la Dirección de Protección Civil estatal con el argumento de que el estadio representaba un riesgo por su vieja estructura. También la presidencia municipal pidió la reconstrucción “con carácter de urgente” y en el mismo tenor se
pronunció el Instituto del Deporte y Cultura Física del Estado de Morelos,
