Personas hacinadas y sin control sanitario; el rostro oculto de los “sueros vitaminados” en clínica de Sonora
En el cateo encontraron decenas de sueros listos, la clínica operaba en medio del riesgo
El cateo realizado la noche del 7 de abril a una clínica homotoxicológica en Ciudad Obregón no solo destapó un caso más dentro de la investigación por muertes asociadas a “sueros vitaminados”; exhibió, además, condiciones alarmantes en la atención de pacientes: espacios reducidos, personas hacinadas y prácticas que distan de cualquier estándar médico.
Videos de la propia clínica promocionando sus servicios revelan la precaria atención a pacientes en un pequeño cuarto, algunos sentados y otros recostados en sillones reclinables, todos compartiendo un mismo espacio sin condiciones adecuadas de salubridad ni privacidad.
La escena plantea serias dudas sobre la calidad, control y supervisión de los procedimientos aplicados.
Lejos de tratarse de un servicio médico formal, el sitio operaba con características más cercanas a la improvisación que a la atención profesional.
La ausencia de protocolos visibles y la concentración de pacientes en condiciones precarias evidencian un modelo de atención
que podría haber puesto en riesgo directo la vida de quienes acudían en busca de un supuesto beneficio.
Durante la diligencia, la Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora aseguró 216 soluciones salinas, de las cuales 178 ya
estaban preparadas para su aplicación.
Este dato resulta especialmente preocupante, ya que sugiere la manipulación anticipada de sustancias sin garantías claras de esterilidad o control sanitario.
A ello se suman medicamentos diversos, equipo de venoclisis, jeringas, documentos, una libreta con anotaciones y un teléfono
celular, todos ahora bajo análisis como parte de una carpeta de investigación por homicidio por responsabilidad médica.
El caso se enmarca en una línea de investigación más amplia que involucra al médico Jesús Maximiano «N», cuya clínica en
Hermosillo ha sido vinculada con al menos ocho fallecimientos relacionados con la aplicación de estos sueros.
La conexión entre ambos espacios refuerza la hipótesis de una práctica sistemática que operaba al margen de la regulación.
Más allá de los aseguramientos, lo que queda al descubierto es una posible red de atención médica irregular que lucraba con la
salud de las personas bajo la promesa de terapias alternativas.
La falta de vigilancia oportuna por parte de las autoridades también abre un cuestionamiento inevitable sobre cuánto tiempo operaron estos espacios sin ser detectados.
Este caso no solo exige el deslinde de responsabilidades penales, sino también una revisión profunda de los mecanismos de supervisión sanitaria.
