La cara invisible del embarazo y el posparto: una de cada 16 mujeres sufre depresión grave en estas etapas
Una revisión científica afina la prevalencia del trastorno depresivo mayor en este período e identifica que la fase de más riesgo para experimentar la dolencia son las dos semanas después del nacimiento del bebé
El imaginario colectivo dibuja la etapa del embarazo y el posparto como un momento idílico, impregnado de alegría sí o sí, en todas las circunstancias. No se contempla otro escenario. Pero la realidad, aunque invisibilizada en muchas ocasiones, es más compleja que todo eso: puede haber felicidad e ilusión, pero también en esas etapas se cuelan llantos sin motivo aparente, tristeza, ansiedad o sensación de vacío que, en ocasiones, pueden abocar a graves problemas de salud mental. Un estudio publicado este jueves en la revista The Lancet Psychiatry ha puesto cifras a la depresión grave en el período del periparto —durante la gestación y hasta un año después del alumbramiento— y ha concluido que al menos una de cada 16 mujeres sufre trastorno depresivo mayor en estas etapas. Las dos semanas después del nacimiento son la fase más crítica, donde más riesgo hay de experimentar este trastorno mental.
Cuenta Alize Ferrari, investigadora de la Universidad de Queensland (Australia) y autora del estudio, que la comunidad científica
sabía que la prevalencia de este trastorno era mayor entre las mujeres en el embarazo y el posparto que en la población
general, pero desconocían la magnitud de esa diferencia. La evidencia científica era limitada. Algunos estudios cifraban en hasta
el 14% y el 17% la prevalencia de este trastorno, pero los autores señalan que los métodos de estudio eran, en ocasiones,
inconsistentes, con criterios poco estrictos y errores de medición. La nueva investigación, surgida de una revisión científica en la
que se han recopilado datos de dos millones de mujeres y niñas de 90 países, concluye que la depresión grave aparece en el
6,2% de las mujeres durante el embarazo (esto es, una de cada 16) y en el 6,8% de las madres (una de cada 15) durante el primer
año tras el parto.
El estudio reabre un melón que hace tambalear toda esa narrativa cultural alrededor del nacimiento como una etapa luminosa. “Para muchas mujeres, no es una postal idílica. Y no se trata de debilidad ni falta de amor, sino de procesos biológicos y de una historia que pesa”, expone, a propósito de la depresión posparto, la psiquiatra Gemma Parramon en su libro Será por las hormonas.
Tras analizar el estudio, en el que no ha participado, la misma médica, que ejerce en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, asegura que la investigación de Ferrari es “muy potente metodológicamente y supone una aportación sólida de la prevalencia porque ayuda a ordenar estudios heterogéneos”. Ahora bien, la psiquiatra pide cautela en la interpretación de los resultados para “no infraestimar otros cuadros incapacitantes”. “Aquí evalúan el trastorno depresivo mayor, pero no otros trastornos frecuentes en el posparto e igual de invalidantes”, subraya.
Parramon se refiere, por ejemplo, al baby blues, que se presenta con síntomas depresivos leves, como irritabilidad o tristeza. Este cuadro quizás no cumple los criterios de un diagnóstico de depresión grave, pero si se cronifica y agudiza, puede derivar en eso. “La lectura no debe ser que hay menos depresión posparto de la que pensábamos. Hay otros casos subdepresivos [que no cumplen todos los criterios técnicos para ese diagnóstico] que pueden ser muy importantes e impactan en el funcionamiento y en la maternidad”, remacha.
La psiquiatra sospecha que esa diferencia de prevalencias entre estudios (algunos de hasta el 17%, mucho más alto que los resultados de Ferrari) se deben precisamente a que en algunas investigaciones pueden mezclarse bajo el mismo epígrafe de depresión posparto cuadros clínicos de distinta gravedad.
La investigación de Ferrari excluye esos estados transitorios de tristeza y labilidad emocional y pone el foco en el escenario más complejo de ese entramado de mala salud mental que rodea al periparto. La depresión mayor, a diferencia de esos cambios de humor leves y pasajeros de la tristeza posparto, implica síntomas graves y persistentes: hay aflicción y desconsuelo, pero también pérdida de interés y dificultad para desenvolverse en el día a día.
La prevalencia de depresión grave se mantiene más alta que en la población general en todas las etapas del periparto, pero es especialmente elevada (del 8,3%) a las dos semanas del nacimiento. “Nuestros hallazgos enfatizan la necesidad de una identificación e intervención tempranas para el trastorno depresivo mayor durante todo el periodo periparto, pero especialmente cuando las mujeres y niñas se acercan al final de las dos primeras semanas después del parto”, reflexiona Ferrari.
Eduard Vieta, jefe de Psiquiatría del Hospital Clínic de Barcelona, recuerda que “en España hay pocos dispositivos y programas especializados en el cuidado de la salud mental de la mujer en este período”. “En la mayor parte de los casos, las mujeres con depresiones posparto no son atendidas de forma integral a través de centros que permitan el tratamiento de la depresión sin desatender a las necesidades del recién nacido y el apego, que es fundamental para una relación emocional sana entre madre y bebé, y su evolución posterior. Este trabajo indica que tenemos que fomentar la atención a la salud mental durante el embarazo y el posparto, y desarrollar programas y centros especializados”, apunta el experto en declaraciones al portal SMS.
Biología y biografía
Los motivos detrás de esta mayor vulnerabilidad a mala salud mental durante el embarazo y el parto son diversos. Influye la biología y la biografía, apuntan las expertas consultadas. “Es probable que el aumento de la prevalencia del trastorno depresivo mayor en el periodo periparto se deba a una compleja interacción entre diversos factores estresantes, como el abuso y la violencia, factores biológicos, la pobreza, la creciente desigualdad, las diferencias en el acceso a los servicios de salud, las barreras a la atención médica y otros factores que influyen en el apoyo que reciben las mujeres y las niñas durante el periodo periparto en distintos países”, apunta Ferrari. Según sus datos, la prevalencia de depresión grave en estas etapas fue mayor en el sur del África subsahariana y el sur de Asia; y fue menor en la región Asia-Pacífico de altos ingresos.
Parramon sostiene que “se puede llegar a la depresión mayor por muchos ámbitos”. Influyen las hormonas, por ejemplo: tras el parto hay un descenso hormonal repentino y las mujeres con sensibilidad hormonal alta en el cerebro pueden experimentar
síntomas más severos tras esa caída, señala. Eso explicaría, en buena medida, por qué la investigación de Ferrari encuentra un
pico de depresión grave al inicio del posparto, coincidiendo con ese declive hormonal.
Con todo, agrega Parramon, hay también factores psicosociales. Desde las condiciones socioeconómicas de vida hasta las relaciones familiares o el reparto de responsabilidades en la crianza. “Influyen aspectos contextuales y también de las expectativas que tenemos: la maternidad es, a veces, muy exigente y es de todo menos autocuidado. Hay depresiones que vienen derivadas de la autoexigencia por cumplir lo que la sociedad les ha dicho que tienen que hacer para ser buenas madres”.
Enfermedad invisiblizada
La endocrinóloga Carme Valls enfatiza en su libro Mujeres invisibles para la ciencia que la depresión posparto se reconoce como una entidad, pero está invisibilizada. “No queda claro cuándo tiene lugar debido a las condiciones vitales y las relaciones
conflictivas de pareja, a la soledad personal frente a la tarea o a alteraciones endocrinas o estados carenciales que han
permanecido invisibilizados porque tampoco se han investigado”.
Esta médica subraya que circunstancias tan dispares como los síntomas de una anemia, unido a la falta de ayuda doméstica o al
cansancio por la fase de lactancia, sobre todo si no existe corresponsabilidad en los cuidados y en las tareas del hogar,
“contribuyen a la sensación que tienen algunas mujeres de que no podrán con la tarea de criar a sus hijos, favoreciendo en parte
la presencia de la depresión posparto”.
La capa de silencio y desconocimiento que rodea a estos cuadros, sumado al peso de las rígidas convenciones sociales que tiñen
estas etapas de obligada alegría, tampoco ayudan a desmontar mitos y desestigmatizar síntomas muy invalidantes.
