Una inmensa riqueza prehispánica fue encontrada en la obra del tren México-Querétaro, que se realiza a la altura de la comunidad de Zaragoza, municipio de Tula

Una inmensa riqueza prehispánica fue encontrada en la obra del tren México-Querétaro, que se realiza a la altura de la comunidad de Zaragoza, municipio de Tula

Una serie de enterramientos de la época prehispánica fueron descubiertos en el tramo donde se realizan los trabajos para la construcción de las vías donde cruzará el tren México-Querétaro, donde los arqueólogos han explorado yacimientos y tumbas.

La riqueza cultural de Tula vuelve a quedar al descubierto en este caso especial en el sitio que se localizó en la comunidad de Ignacio Zaragoza en la zona de Cruz Azul, que debió ser ocupada entre 225 y 500-600 D.C., con re-ocupaciones menores en el posclásico tardío.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dio a conocer que la exploración de diversos contextos funerarios, entre ellos cinco tumbas similares a las de tiro, fueron descubiertos durante la excavación de un conjunto doméstico prehispánico, cercano a la comunidad de Ignacio Zaragoza y será primordial para conocer las creencias, estructura social y cultura de sitios de la región que florecieron en el apogeo de Teotihuacan.

La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, señaló que los hallazgos descubiertos en esta zona muestran “la importancia del salvamento arqueológico para conocer, preservar y estudiar la memoria profunda de los territorios ya que cada entierro, cada ofrenda y cada contexto recuperado por el INAH aporta información sobre las formas de vida, las creencias y la organización social de quienes habitaron en esta región hace más de mil años, y confirma que el desarrollo de infraestructura puede ir acompañado de investigación rigurosa y cuidado del patrimonio”.

Desde septiembre de 2025, un equipo del proyecto de salvamento arqueológico del tren de pasajeros Ciudad de México-Querétaro, coordinado por el arqueólogo Víctor Heredia Guillén, se ha concentrado en un espacio de 2,400 metros cuadrados, que coincide con el trazo de la línea ferroviaria.

De acuerdo con la responsable en campo, la arqueóloga Laura Magallón Sandoval, los indicios se dieron al observar materiales dispersos en la superficie, sobre todo restos de cerámica posclásica Coyotlatelco y Mexica (900-1521 d.C.), lo que condujo a realizar pozos de sondeo que evidenciaron desplantes de muros.

Mediante excavaciones, apoyadas con el levantamiento de ortofotografía para mayor precisión, se ha determinado un patrón de pequeños conjuntos residenciales, conectados principalmente por patios, tanto centrales como a los costados, para el acceso a viviendas orientadas en sentido norte–sur y este–oeste.

El sitio Ignacio Zaragoza tuvo re-ocupaciones en el periodo Posclásico Tardío, y la mayoría de los elementos están asociados a las fases Tlamimilolpan (225-350 d.C.) y Xolalpan (350-550 d.C.), en la época teotihuacana.

El transcurso de 1,800 años y el prolongado uso del terreno para cultivo produjo la remoción de piedras de las viejas construcciones, de manera que ya sólo quedan sus arranques.

Pese a ello, las excavaciones dieron lugar al descubrimiento de diversos contextos funerarios, que los ocupantes originales realizaron aprovechando el afloramiento rocoso sobre el que desplanta una unidad habitacional. De este modo, dentro de las habitaciones se hallaron tanto cistas en superficie, como tumbas semejantes a las de tiro, excavadas en el tepetate.

Magallón Sandoval detalla que se han registrado más de una decena de enterramientos colectivos e individuales, recuperándose osamentas completas e incompletas, principalmente huesos largos de las extremidades superiores o inferiores.

Conforme a datos preliminares de los antropólogos físicos José Manuel Cervantes Pérez y Abril Machain Castillo, se ha sabido que corresponden a individuos infantiles (por lo menos uno, de entre 8 y 11 años), juveniles y principalmente adultos.

La arqueóloga Juana Mitzi Serrano Rivero, parte del equipo, comentó que en una de las habitaciones se identificaron dos tumbas semejantes a las de tiro (llamadas así por el conducto vertical que remata en cámaras mortuorias), una hacia el norte y otra al sur de la habitación. La primera cuenta con dos cavidades con dirección este-oeste y la segunda posee una sola cavidad, en dirección este.

La cavidad de la tumba norte tiene 80 centímetros de circunferencia y un metro 69 centímetros de profundidad, y ambas cámaras miden en promedio 60 centímetros.

Su corte longitudinal es de 2 metros, mientras que la cavidad circular de la tumba sur es de 80 centímetros y tiene 1.80 metros de profundidad, con 90 centímetros de longitud.

Refirió que al interior de la tumba norte fueron recuperados los restos óseos de ocho individuos, en su mayoría adultos, y, asociados a ellos, 47 vasijas miniatura.

“De los ocho individuos, seis fueron depositados en posición sedente, con la ofrenda cerámica dispuesta en la parte de los pies y dos de ellos tenían contexto removido. Al parecer, el espacio tuvo re-ocupación, de modo que cuando iban a depositar al último individuo, removían el bulto funerario del anterior”, explica la arqueóloga.

Como parte del ajuar de uno de ellos, se identificó una pequeña concha, parte de un pendiente de concha nácar, de forma semicircular, y una placa pequeña del mismo material. A su vez, en otra de las tumbas se hallaron vasos esgrafiados, los cuales fueron extraídos con tierra para realizar una microexcavación.

Por su parte, el arqueólogo Jonathan Velázquez Palacios consideró que esta zona ha sido explotada como banco de material desde tiempos prehispánicos, sobre todo de cal, que debió ser primordial para los estucados de los edificios de Teotihuacan, localizada a 90 kilómetros de distancia.

El sitio Ignacio Zaragoza, en el que también han intervenido los arqueólogos Cecilia Carrillo Román, José Muñoz Sánchez, José Ángel Esparza Robles y Johan González Ávila, no debe verse de forma aislada, sino a nivel regional, lo que será parte de las investigaciones por venir.

Velázquez Palacios concluyó que el área norte de Tula presenta múltiples asentamientos del periodo Clásico (200-650 d.C.), con Chingú como centro regional de la expansión teotihuacana, además de El Tesoro, Acoculco (donde se hallaron tumbas de tradición zapoteca y teotihuacana, así como entierros extendidos y flexionados),

El Llano y La Malinche fueron descubiertos en el tramo donde se realiza la construcción de las vías por donde cruzará el tren México-Querétaro, donde los arqueólogos han explorado cistas y tumbas semejantes a las de tiro.

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