TULA DE ALLENDE, HGO. – La frontera entre México y Estados Unidos se ha convertido en el escenario de una nueva guerra tecnológica. Ante cientos de incursiones aéreas detectadas en las últimas semanas, autoridades estadounidenses despliegan avanzados sistemas de defensa, mientras los cárteles del narcotráfico perfeccionan sus tácticas incorporando experiencia directa de conflictos internacionales como el de Rusia y Ucrania.
Tecnología militar en la frontera sur de EE. UU.
Durante los últimos 30 días, el Ejército de Estados Unidos ha registrado al menos 378 incursiones de aeronaves no tripuladas en su frontera sur. Ante esta situación, Washington puso en marcha en el estado de Arizona el ejercicio militar denominado Falcon Peak, donde evalúa radares de última generación, interceptores, bloqueadores de comunicaciones, sistemas autónomos y tecnología láser diseñados para detectar, identificar, seguir y neutralizar estos dispositivos.
La sombra de Ucrania y el reclutamiento de «droneros»
De acuerdo con análisis recientes del especialista en seguridad David Saucedo, organizaciones criminales como el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) llevan al menos cinco años utilizando drones para el trasiego de drogas, dinero, armas y municiones. Sin embargo, la amenaza ha escalado drásticamente debido a la presunta contratación de especialistas mexicanos, colombianos e incluso personas con experiencia en la guerra en Ucrania, conocidos en el ámbito criminal como “droneros”, encargados de operar y reparar estas unidades para superar los sistemas de interferencia norteamericanos.
Violencia con drones se extiende en territorio mexicano
Además del contrabando fronterizo y el uso de cámaras infrarrojas y de visión nocturna para vigilar a la Patrulla Fronteriza y a la Guardia Nacional, estos aparatos se han transformado en armas de ataque en el interior de México. Desde 2021, se han documentado incidentes con drones artillados o cargados con explosivos en al menos 17 entidades del país, afectando directamente a corporaciones de seguridad en estados como Michoacán y Jalisco, lo que confirma la urgente evolución táctica tanto de las autoridades como de la delincuencia organizada.
