Un análisis de sangre alerta de los primeros síntomas diez años antes de desembocar en alzhéimer
La presencia de ciertos marcadores multiplica el riesgo de sufrir problemas de memoria y rapidez mental en personas de mediana edad, según un estudio. El campo avanza hacia un futuro próximo en el que haya cribados generalizados
El nuevo grial en la lucha contra el alzhéimer ―la enfermedad neurodegenerativa más frecuente― es poder detectarla cada vez más pronto, incluso antes de que aparezca. Hoy se publican dos estudios que avanzan hacia esa posibilidad, y plantean cuestiones polémicas, como realizar tests tempranos a la población general en busca de los primeros signos moleculares de la enfermedad. Así se podría identificar a las personas con mayor riesgo. Pero eso también generaría una gran cantidad de falsos positivos que podrían colapsar los servicios sanitarios.
El primer trabajo se ha centrado en medir marcadores en la sangre en personas de mediana edad que aún no muestran signos de demencia. Un equipo de médicos y científicos de Estados Unidos ha usado uno de los análisis de sangre aprobados para medir la acumulación de dos proteínas asociadas con el alzhéimer ―variantes de la beta-amiloide y la tau― en 1.350 personas de entre 56 y 69 años que llevaban al menos 35 años de seguimiento, y que estaban aparentemente sanas en cuanto a enfermedades cognitivas.
Los resultados mostraron que en torno a un 6% de todos los participantes ya mostraban algún marcador molecular asociado con el alzhéimer. Y también apuntan a que estas personas muestran ya síntomas leves de deterioro cognitivo leve.
El trabajo lo lidera Kristine Yaffe, de la Universidad de California en San Francisco. Su equipo se centra en el hecho de que el 30% del riesgo de demencia se puede evitar con intervenciones sencillas, como llevar una vida sana y hacer ejercicio. A la luz de sus resultados, publicados por la revista médica The Lancet, los investigadores apuntan que estos nuevos tests de sangre “pueden permitir la prevención y la intervención en la mediana edad” con las medidas mencionadas, así como con los nuevos fármacos disponibles. Estos medicamentos, lecanemab y donanemab, no consiguen curar la dolencia, pero sí frenar modestamente su avance.
El trabajo ha encontrado que los pacientes con dos marcadores moleculares (Aβ42/40 y p-tau217/Aβ42) muestran varias veces más riesgo de sufrir problemas con la memoria verbal y el procesamiento cognitivo comparado con las personas que no muestran acumulación de esas proteínas en la sangre. El marcador Aβ42/40, por ejemplo, aumenta más de cuatro veces el riesgo de problemas con la memoria verbal y el pp-tau217 casi lo mismo respecto a la velocidad cognitiva. En el caso de una persona positiva para el primer marcador, su riesgo pasaría de tres posibilidades entre 100 de sufrir este problema, a 12 entre 100, por ejemplo.
Los investigadores no encontraron que estos pacientes tuvieran aún un deterioro cognitivo generalizado diagnosticable; es decir, estos serían los primeros indicios de algo que podría seguir adelante hacia la aparición de la enfermedad de Alzheimer, o no. Tener estas moléculas en sangre no significa que se vaya a sufrir demencia con un 100% de seguridad: hay aún un nivel de incertidumbre en estos tests que sigue dificultando el diagnóstico temprano, antes de que aparezcan signos claros de deterioro cognitivo.
Un segundo estudio publicado este viernes en la misma revista explora otra vía para ese diagnóstico temprano. En la práctica clínica actual, la forma de detectar marcadores biológicos de alzhéimer es con un escáner cerebral o con un pinchazo en la zona lumbar para sacar líquido cefalorraquídeo. Son métodos fiables, pero costosos; de ahí la ventaja que podrían aportar los análisis de sangre. En este segundo estudio se analiza un nuevo trazador para detectar las proteínas del alzhéimer usando un escáner de tomografía por emisión de positrones. Este trabajo se realizó en Estados Unidos y Canadá con casi 700 participantes. En las personas cognitivamente sanas de entre 50 y 89 años que mostraban ya acumulación de proteína amiloide, el nuevo método experimental MK6240, fabricado por la compañía estadounidense Lantheus, detectó proteínas asociadas al alzhéimer antes que los métodos diagnósticos habituales; lo que también podría facilitar diagnósticos más tempranos. El trabajo también se publica en The Lancet.
La Sociedad Española de Neurología (SEN) estima que más del 50% de los casos leves de alzhéimer están sin diagnosticar. Con los métodos actuales, el tiempo entre la llegada de los primeros síntomas y el diagnóstico oficial es de dos a tres años. Esto hace que el diagnóstico temprano con métodos cada vez más sencillos sea una pieza fundamental para la aplicación de los nuevos fármacos contra la dolencia, que han demostrado retrasar su avance en un 27% en 18 meses. Estos nuevos fármacos solo funcionan si se dan en las fases iniciales de la enfermedad. Dicho de otro modo, el alzhéimer afecta a unos 50 millones de personas en todo el mundo, pero los nuevos medicamentos, con su prescripción actual, solo ayudarían al 5% de ellos, según la SEN. Hay dos fármacos aprobados de este tipo aprobados en Europa y Estados Unidos, lecanemab y donanemab, aunque ninguno aún tiene cobertura por parte del sistema público de salud en España, a la espera de un informe definitivo sobre su coste y efectividad (su coste es de unos 25.000 euros al año, sin contar pruebas diagnósticas).
Fármacos y cribados
Una de las principales contribuciones del primer trabajo es analizar biomarcadores del alzhéimer en un grupo poblacional de mediana edad sin signos aparentes de problemas cognitivos, algo que muy pocos estudios habían hecho hasta ahora, destacan Anna Rosenberg y Tiiia Ngandu, del Instituto de Salud y Bienestar de Finlandia, en un comentario al estudio. Sin embargo, advierten de que el poder predictivo de estos marcadores es menor cuanto más joven es el paciente. Por esto alertan de que “no son apropiados para cribados a gran escala en población general”. El principal problema por ahora es que no se sabe si las personas con marcadores altos desarrollarán o no demencia. Ese debería ser el siguiente paso de esta línea de investigación, añaden.
Por ejemplo, en los ensayos de la semaglutida, la molécula adelgazante presente en los nuevos fármacos como Ozempic, se vio
que el tratamiento reduce la proteína tau en el líquido cefalorraquídeo, pero no en sangre, apuntan las dos autoras.
Pascual Sánchez Juan, experto en demencias y director científico de la Fundación CIEN, destaca el valor de estos trabajos en el
terreno de la investigación, pero advierte de que es pronto para su aplicación terapéutica. El principal valor del primer trabajo es
haberse centrado en “una población con una media de edad de 61 años, lo que es muy joven para un estudio sobre el
alzhéimer”. Ese 6% de personas que ya muestra algún deterioro cognitivo es “probable” que en 10 años desarrolle la enfermedad, explica. Pero debido a la baja prevalencia, el valor de hacer un cribado general de la población sana tendría un valor predictivo bajo. “Como ahora mismo no existen fármacos que puedan revertir el curso de la enfermedad [solo retrasar su
llegada], este tipo de test no estaría justificado fuera de la investigación, y nadie debería preocuparse por hacérselo a no ser que
tenga síntomas cognitivos reconocibles”, destaca.
Juan Fortea, neurólogo del Hospital Sant Pau de Barcelona, es coautor del segundo trabajo. El médico señala que la proteína tau
en la que se han centrado es “el mejor predictor” actual del estado en el que se encuentra un paciente, es decir, en qué fase de
la enfermedad está. De ahí que poder detectarla de forma más precoz pueda ayudar en esa tarea.
El investigador cree que la neurología actual vive un momento emergente con la consolidación de los tests de sangre y el
despliegue de los nuevos fármacos contra el alzhéimer. En la actualidad hay dos visiones contrapuestas, una la del International
Working Group, que dice que para diagnosticar alzhéimer es necesario que haya síntomas, además de marcadores biológicos. Y otra, la de las asociaciones de pacientes, que entienden que la simple presencia de esos marcadores ya debería ser considerada alzhéimer. El médico cree que todavía es pronto para hacer cribados poblacionales, pero esto “puede cambiar en pocos años”.
Las empresas que han desarrollado los nuevos fármacos contra el alzhéimer están haciendo ensayos con personas que aún no
muestran síntomas, pero sí acumulación de proteínas. Estos análisis podrían demostrar que una intervención antes del diagnóstico es efectiva. Si esto se demuestra, y además se desarrollan “calculadoras de riesgo” de alzhéimer fiables, como ya
existen para enfermedades cardiovasculares, sí será viable hacer pruebas generalizadas, argumenta Fortea. Sería algo similar a lo que ya sucede con el colesterol, o algunos tumores, como el de colon o mama.
Raquel Sánchez-Valle, coordinadora del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología, ve avances y riesgos en estas nuevas investigaciones. “En el ámbito de la investigación, [estos tests] permiten seleccionar
participantes para estudios de intervención, farmacológicos y no farmacológicos, algunos en marcha, que podrán dar resultados
relevantes en pocos años. Será entonces cuando tengamos una respuesta sobre si se debe o no recomendar cribados a nivel poblacional”. “Otra cosa es que la disponibilidad de marcadores plasmáticos está haciendo que haya personas sanas que lo están pidiendo a nivel privado. Será complicado de manejar por la posibilidad de falsos positivos, porque la información que
puedes dar desde el punto de vista predictivo individual es muy escasa; y porque los estudios de intervención que se proponen
tienen baja o nula evidencia a nivel individual en este momento”, advierte esta experta.
