Los neandertales consumían moluscos hace ya 115.000 años, sobre todo en los meses fríos

Los neandertales consumían moluscos hace ya 115.000 años, sobre todo en los meses fríos

Hallan en una cueva de Cartagena conchas de lapas y caracoles recogidos como harían los humanos modernos milenios después

Hubo un tiempo en el que los investigadores dudaban de que a los neandertales les gustara la playa. No había rastro suyo en entornos marinos. Se apuntaba entonces que eran ecosistemas más complejos, que exigían unas habilidades que solo tendrían los sapiens, los humanos modernos. Varias investigaciones han ido desmoronando ese etnocentrismo: los Homo neanderthalensis llevaban alimentándose del mar muchos milenios antes de que los Homo sapiens llegaran a Europa. Ahora, un nuevo trabajo publicado en PNAS muestra que, hace unos 115.000 años, en una cueva mediterránea, usaban estrategias que los sapiens utilizarían mucho tiempo después, como la recolección de moluscos en los meses fríos, cuando el riesgo de contaminación era mínimo y su sabor, máximo.

“La cueva de Los Aviones estuvo ocupada durante todo el año, no sabemos si de forma permanente o no, lo más probable es que no”, cuenta Asier García-Escárzaga, investigador de la Universidad de Burgos y primer autor del estudio. La gruta, ahora amenazada por la subida del nivel del mar, cerca de Cartagena (Murcia), fue un refugio de los neandertales durante milenios. “Hay explotación durante todo el año, pero la mayor parte de los moluscos, la mayor parte de las conchas, son recolectadas durante los meses más fríos del año, esto es, desde finales del otoño, alrededor de noviembre, hasta principios de la primavera, sobre abril”. añade.

La datación del estrato de donde han recuperado decenas de restos de dos especies de moluscos indica que fueron recolectados hace unos 115.000 años. No hay manera de saber el año exacto, pero sí el mes aproximado. Gracias al análisis del oxígeno presente en el carbonato cálcico que forma las conchas, los investigadores pudieron ver que, aunque cogidos todo el año, en torno al 80% de los caracolillos del Mediterráneo (Phorcus turbinatus) fueron consumidos entre noviembre y abril, y solo un 5% en los meses de verano. El porcentaje es similar en el caso de la lapa herrumbrosa (Patella ferruginea), el otro molusco que forma parte de este estudio.

“Lo relevante aquí es que este patrón estacional es idéntico al que tenemos para las poblaciones de Homo sapiens en el mesolítico y en el neolítico, en la cuenca mediterránea y en el Atlántico europeo, 100.000 años más tarde», destaca García-Escárzaga. Para los autores, una vez descartado el uso ornamental de las conchas (“No hay perforaciones ni restos de ocre, ni usaban estas especies”, apostilla el investigador), la clave es que los neandertales recolectaban estos recursos alimenticios, según la temporada del año.

Visto desde el presente, parece lógico que la recolección se hiciera en los meses fríos. Hoy en el sur de las latitudes medias se sigue ese patrón tanto para muchas especies de moluscos como para la mayoría de los mariscos de cáscara dura. En verano, con el aumento de las temperaturas, es cuando se producen los estallidos de afloramiento de las algas, como la temida marea roja, que imposibilita la recolección de, por ejemplo, los mejillones. En los meses cálidos, además del riesgo de contaminación por algas o bacteriana, está la cuestión de conservación. Pero hay algo más: en invierno, saben mejor.

“El ciclo reproductivo de Phorcus turbinatus pudo tener importantes implicaciones en su explotación estacional”, apunta Arnaldo Marín, biólogo marino de la Universidad de Murcia y coautor del estudio. La madurez de las gónadas del caracolillo del Mediterráneo alcanza su máximo durante los meses fríos, “momento en el que el complejo glándula digestiva-gónada presenta un elevado desarrollo y una alta acumulación de reservas energéticas, especialmente lípidos y proteínas asociadas a la producción de gametos”, añade Marín. Y al contrario, al final de primavera, tras desovar, los individuos experimentan una marcada reducción del contenido gonadal, coincidiendo con los meses más cálidos, quedando el aparato reproductor prácticamente vacío, disminuyendo el valor nutritivo del animal. “Estas variaciones estacionales sugieren que la recolección de P. turbinatus por los neandertales pudo concentrarse preferentemente en los periodos previos al desove, cuando el rendimiento energético y nutricional era máximo», completa.

No hay pruebas directas de que los neandertales comieran moluscos en los meses fríos porque estuvieran más buenos, pero tampoco las hay en contra. Y lo que se sabe apunta a lo primero. En los caracolillos del Mediterráneo, su riqueza en grasas y sabor está muy relacionada con el ciclo reproductivo. “Este patrón también se conoce en otros moluscos marinos, como ostras, mejillones o erizos, donde tradicionalmente se consideran mejores antes del periodo de reproducción”, recuerda el biólogo. De hecho, muchas prácticas pesqueras tradicionales y calendarios de marisqueo coinciden con estos periodos de máxima condición fisiológica.

Para el catedrático de prehistoria en la Universidad de Sevilla, Miguel Cortés, habría una hipótesis alternativa para explicar el consumo estacional: “En estas latitudes, como la región de la cueva de Los Aviones, los neandertales podrían subir a las montañas en verano y, en invierno, se iban a la costa evitando el frío y comían lo que les daba”, sugiere. Hace 115.000 años, el clima era similar al actual, aunque ya se acercaba el inicio de la glaciación Würm, la última Edad de Hielo.

Cortés fue uno de los autores de un paper que armó revuelo entre los estudiosos de la evolución humana. En 2011, publicaron un trabajo con moluscos recolectados en una cueva de la costa malagueña. Tenían una antigüedad de más de 150.000 años. Eso implica que los neandertales consumían recursos marinos en Europa al menos en la misma época en la que los humanos modernos lo hacían en el sur de África. “Nos costó mucho publicarlo. A la comunidad [de paleoantropólogos], dominada por los anglosajones, no les encajaba”, recuerda Cortés. En su tesis sobre el origen humano, entonces dominante, “el consumo de alimentos del mar pudo ayudar al desarrollo del cerebro de los humanos modernos y a su evolución”, añade. Y los hallazgos en varias cuevas en las últimas dos décadas, todos en la península ibérica, de neandertales recolectando marisco y moluscos les ha desmontado el relato.

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